¿Se Repite la Historia?

 

A raìz del “definitivo triunfo” de Joe Biden, me vino a la mente un segmento de mi libro (publicado en el año 2000), titulado “Regresando del Mar de la Felicidad“, en la que les recomendaba a mis lectores venezolanos que no se olvidaran de todo lo que habìa en Venezuela antes de que las bestias la destruyeran total y absolutamente.  Eso mismo se los estoy sugirendo a mis “hoy-paisanos”: ¡los “americanos”!

Del libro

Estoy TOTALMENTE convencido de que nuestro presidente es de formación marxista-leninista, a quien – AFORTUNADAMENTE – se le fue la “guagua” que pasó por Hispanoamérica en la década de los sesenta. De haber llegado al poder entonces, hoy Venezuela sí estaría navegando “felizmente” por el mismo mar de la Cuba actual… con todo y que somos el tercer proveedor de petróleo crudo de Estados Unidos. Hoy el mundo es otro y los factores que hicieron posible el comunismo castrista ya no existen, a Dios gracias. En el supuesto y  absurdo negado de que Chávez convierta a Venezuela en una segunda Cuba y haga un viraje hacia un sistema comunista (o pseudo-comunista), ES BUENO DECIRLO AQUÍ – 15 de junio del año 2.000, siendo las 7:45 de la noche – habrá engañado a todo un pueblo, pues el venezolano, en un 93%, rechazaba un sistema como el de Cuba. El pueblo de Venezuela votó por un presidente D E M Ó C R A T A… no por un dictador, ni de derecha ni de izquierda. Cuando pasen cuarenta años sería muy fácil decir que la “revolución pacífica comunista” de Chávez fue respaldada por su pueblo. En ese supuesto y absurdo negado, REPITO, no puede haber margen para el “cuento-chino”.

Podremos decir que en Venezuela se quería un cambio profundo de sus instituciones, que se eliminara en lo posible la galopante corrupción (un mal genético del grueso del venezolano), que los  poderes fuesen autónomos, que hubiese prosperidad económica, INVERSIONES EXTRANJERAS Y NACIONALES, más fuentes de trabajo, mejores condiciones de vida, viviendas…  MUCHAS, MUCHÍSIMAS VIVIENDAS.  Acuérdense de esto último: V I V I E N D A S, ¡Muchas, muchas, muchas, muchas viviendas!

El venezolano no votó por Chávez para que dentro de diez o quince años se le prohíba la entrada a un hotel administrado por extranjeros. Para el momento en que Chávez tomó el poder, el venezolano no sabía qué cosa es hacer cola para comprar papel higiénico u otros artìculos. No había escasez de productos de la cesta básica, quien se quisiera ir del país solamente tenía que comprar su boleto en autobús, en barco o en avión… o emplear su propio vehículo… o piernas, para cruzar los puentes que van hacia Cúcuta, Colombia u otras ciudades fronterizas colombianas o brasileñas. Había cualquier cantidad de publicaciones, tanto nacionales como internacionales; periódicos privados y uno oficial, “El Diario del Presidente”. Las televisoras – con la excepción de una – estaban todas en manos privadas y lo mismo podemos decir de la radio.  Se tenía libertad plena y absoluta para decir lo que a uno le daba la real gana, leer lo que se le ocurriese… militar en el partido político que quisiese, jugar gallos, apostar en el famosísimo “5 y 6”, ser evangélico, testigo de Jehová, santero, católico, mormón, adventista del séptimo día, judío, ateo, etc. A quien no le gustara su patrón tenía la plena, absoluta y total libertad de buscarse otro. No existían “comités de defensa de la revolución pacífica”, por lo tanto no se tenía que delatar al vecino de al lado. No había que estar pidiéndole permiso a nadie para hacer una reunión en la casa que pasara de seis personas, se celebraban las Navidades, Año Nuevo, carnavales, SEMANA SANTA, las playas eran públicas y todo el mundo – con dólares o con bolívares – tenía acceso a ellas. El bolívar – convertible libremente a otras divisas – era la moneda de curso legal, no el dólar, el marco, la libra esterlina o el peso cubano. Había VARIAS EMPRESAS que daban servicio de televisión por cable, TRES EMPRESAS de telefonía celular – y  prácticamente todo el mundo tenía un aparatico de “esos” –; acceso LIBRE a la Internet.

En la Venezuela que recibió Hugo Chávez Frías, NO SE ABRÍA LA CORRESPONDENCIA, aunque de vez en cuando se pinchaban – extra oficial e ilegalmente – uno que otro teléfono para “estar al día”.  La propiedad privada se respetaba (jamás fue saqueada una vivienda con la venia del gobierno) y uno podía vender, PERMUTAR, alquilar o regalar su vivienda… y hacer lo que le viniera en gana con cualquier propiedad. Había educación privada y pública. NO HABÍA CONTROLES CAMBIARIOS DE DIVISAS. No se le exigía al venezolano cortar caña ni hacer ningún trabajo NO REMUNERADO. Para entrar en las universidades públicas no se necesitaba estar inscrito en el partido de gobierno. Había universidades privadas. Todo venezolano tenía derecho a la información “veraz y oportuna”… y esto último era un derecho CONSTITUCIONAL,  como también lo era el derecho a una vivienda DIGNA, aunque este “sagrado” precepto estaba escrito en letra muerta. Había derecho a la defensa, incluso, a demandar al Estado.

Todas las bodegas, ABSOLUTAMENTE TODAS, estaban repletas de “porquerías”. Hablo de TODAS, ojo, porque no quiero que venga un “afecto al régimen socialista chavista” por allá en Bolivia a decirme que cuando Chávez tomó el poder sólo LOS RICOS tenían “supermercados”. Que no me vengan con eso. Quien quiera que se lea el libro HOY y no esté de acuerdo, que me acompañe a cualquier bodeguita escondida por ahí en un monte, para que constate que hay Tampax, Modess, Kotex, Always, papelón, azúcar, SAL DE FRUTA, aspirinas, ALKA SELTZER, caña blanca (toda la que quiera), “Caballito Frenado” (todo el que quiera), pan, “arpargatas”, cacerolas, cerveza (como arroz partido), arroz partido, yuca, melones, mondongo, cazabe, pasta (“como pa’tirá pa’rriba”; de mil formas, secas, precocidas, congeladas), pollo, huevos (de gallina y de codornices), leche (de varios tipos y marcas: en polvo, encartonadas, de larga duración, de la vaca de un vecino), mantequilla y margarina (de varias marcas y en algunas bodeguitas hecha en casa y se vende por gramos envuelta en papel celofán), papel celofán, papel de aluminio, bolsas para la recolección de basura, aceite (de varias marcas), café (de varias marcas), plátanos,
papel “toilet” (de varias marcas: suaves, ásperos, de colores e incoloros, olorosos e inoloros) cochino, pescado (enlatado, fresco, salado), algodón, alcohol, harina pan, harina blanca, harina de todo uso, sal, pimienta, “chimó”, guaralitos, tornillitos, B O M B I L L O S, velas, mayonesa (de varias marcas), salsa de tomate “ketchup” (de varias marcas), machetes (de varios tamaños), preservativos (de varias marcas, colores, diseños y sabores), linternas, bombillitos para las linternas, pilas de todos los tamaños, colores y marcas – incluyendo las alcalinas – estopa, compota para bebés (de varias marcas y sabores), chucherías (nacionales e importadas cuya variedad se pierda con la imaginación), kerosén, manteca (de varias marcas), hojas para envolver hallacas, maíz blanco y amarillo, maicena, fororo, gofio, hojillas de afeitar (de varias marcas), papelón (raspadura), cigarrillos (de mil marcas, nacionales e importados… por cajetillas y/o al detal) semillas de girasol (para los loros), Perrarina (para los perros), Ponerina (para las gallinas), Conejarina (para los conejos), Vacarina (para las vacas), Cabarina (para los caballos, burros y mulas) tomate, cebolla, papa (de varias clases: amarillas, blancas, colombianas), galletas (de varias marcas)… en fin. DE TODO. El
portugués bodeguero de la esquina vendía “fiao” y uno le pagaba por fracciones de cuotas, retrasado y sin intereses. Para el momento de escribir este libro, el venezolano no sabía lo que era un “mercado negro” porque simplemente NO EXISTÍA. Quien fuese a una farmacia encontraba de todo, era raro que no hubiera el medicamento que se requería, incluso las medicinas “tapa-amarilla” (genéricas), que eran más econòmicas. Todo, ABSOLUTAMENTE TODO se compraba con la moneda nacional, con tarjeta de crédito o con cheques, que a menudo rebotaban por falta de fondos. No había “jineteras” que se acostaban por un “panti”.  No habìa “diplotiendas” repletas de todo, pero al alcance de unos pocos.  Los venezolanos no abandonaban el paìs en busca de una mejor vida, dejando a sus viejos detràs, para no verlos jamás.

A las prostitutas (incluyendo a las “caminadoras”) se les pagaba con “metálico”, no con piltrafa o invitándolas a un paladar de una estrella vieja y oxidada. Había lápices, libretas, ibros escolares, uniformes escolares. Había sindicatos y derecho a huelga; prestaciones sociales, adelantos de sueldos y “préstamos”. Se podía protestar en demostraciones públicas, no había “brigadas de acción rápidas” que golpearan con cabillas a los que protestaban, ni milicianos. No había UN SOLO RACIONAMIENTO. La gasolina se la vendían a quien llegara con un vehículo o con un “perol”.  Muy pocas veces se iba la luz y cuando se presentaba un apagón generalizado el pueblo creía que era que se estaba dando un golpe de Estado. Teníamos una obra de teatro, “La Reconstituyente” a la cual iban los ministros de Chávez a reírse, no a llevarse presos a los actores. Las elecciones eran bastantes “limpias”. Durante esos “cuarenta años horrendos” no se interrumpió jamás el hilo constitucional y el partido que perdía las elecciones le entregaba el mando al ganador, incluso a Chávez.

 

Vuelto a publicar el 7 de enero de 2021

Robert Alonso

Robert Alonso Presenta

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