Poda Severa…!

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Un tiempo atrás, una de mis plantas favoritas de nuestro portal, de un verdor intenso, se enfermó.  Le pregunté al jardinero del vecino cómo poderla curar y me recomendó la “poda severa“: ¡dejarla sin una sola hoja!  En una primera instancia me pareció algo un tanto radical, pero yo no soy jardinero.  En tal sentido, con todo el dolor de mi alma: ¡la podé severamente!

Llevaba meses intentando sanar a la dichosa planta: ¡y nada!  Pensé que le había echado mucha agua: ¡la castigué y nada!  Le eché un abono que dicen que es fabuloso para las plantas de jardín: ¡y nada!  La saqué del sol y la volví a poner al sol: ¡y nada!  Entonces apareció el jardinero del vecino, quien sí sabe de plantas y me dio la solución: ¡la poda severa!  He aquí los resultados, semana a semana: ¡y ahora es que le falta!

Ahora bien, si luego de la poda severa, la pobre planta no hubiera “resucitado” y si el jardinero hubiese sido mi empleado: ¡lo hubiera despedido de inmediato!  Pero el hombre probó que conocía su oficio, luego de casi 40 años como jardinero.  Me pregunto cuántas plantas habrá destruido en el proceso de aprendizaje a lo largo de cuatro décadas.  Pero él me lo dijo clarito: “no gaste un solo centavo en abono. Pódala severamente, échele poca agua y ESPERE”.

No supe qué enfermó a mi pobre planta y tal vez el “jardinero asesor” tampoco lo sepa: pero el remedio funcionó, como lo he podido probar por las fotos.

Y Uds. me preguntarán qué tiene que ver mi planta “resucitada” con todo lo que sufre el pueblo venezolano.  Mi respuesta sería: ¡mucho!  Mi planta, para mí, representa a Venezuela… una Venezuela que lleva décadas (si no siglos) enfermándose poco a poco.  Se trata, Venezuela, de una planta tan, pero tan poderosa y fuerte, que muchos intentaron destruirla: ¡y no pudieron!  Pero el daño estaba ahí, latente.  Su enfermedad iba en aumento hasta que ya no pudo más.  Hoy no queda más que sus raíces y si no nos apuramos, éstas también terminarán sucumbiendo a la terrible enfermedad que la aqueja.

¿Cómo resolver el problema de la pobre Venezuela? ¡PODÁNDOLA SEVERAMENTE!

La enfermedad que ha destruido a nuestro país se encuentra en nosotros mismos.  ¡Nosotros somos la enfermedad que la ha llevado al lugar donde se encuentra hoy!  Poco a poco le han ido saliendo nuevas ramas y hojas, pero éstas son retoños enfermos que renacen con la carga de la enfermedad.  Habrá que poderla severamente: ¡Y ESPERAR!

Muchos podrían suponer que con tan solo liberarla del régimen de los Castro sería suficiente para hacerla renacer sanamente.  ¡Ojalá fuese así!  Liberar a Venezuela del narco-castroesalinismo internacional sería como intervenir quirúrgicamente a un enfermo de cáncer, sin removerle todos los tumores malignos.  El paciente notaría una mejoría, pero los tumores no removidos por el cirujano muy pronto se multiplicarían y al cabo de un tiempo, relativamente corto, el paciente notaría la recaída hasta que la metástasis haga imposible más intervenciones quirúrgicas.

A Venezuela hay que podarla de NOSOTROS MISMOS, ya que somos nosotros el génesis del mal.

Mi planta se recuperó en pocas semanas… tendremos que esperar mucho más tiempo para recuperar a Venezuela.  Buscamos un jardinero en la “casa del vecino” que nos venga a resolver el problema… por un ratico.  Pero la solución PERMANENTE de nuestro país NO ESTÁ EN UN JARDINERO FORÁNEO: ¡está en nosotros mismos!  El jardinero de mi vecino no vino a mi portal a podar mi planta, simplemente me sugirió la cura.  Fui yo quien la podó.  Claro, de no haber sido por él, hoy mi planta estuviera en el tambor de la basura: convertida en fertilizante orgánico.

Dejando la “parábola” a un lado.  Tenemos que cambiar como sociedad.  Tenemos que sacarnos el chip socialista de nuestras infectadas mentes.  Tenemos que dejar de hacer lo mismo buscando resultados diferentes.  Tal vez estamos hablando de un lento proceso generacional.

 

 

En el Pentateuco que los judíos llaman La Torá, se habla de una maldición (¿o purificación?) Divina calculada en DIEZ GENERACIONES.  Aunque hay divergencias en cuanto al lapso de una generación bíblica, muchos aseguran que se trata de 40 años.   Por ejemplo, para “purificar” a un bastardo y a toda su descendencia, en tiempos bíblicos, se necesitaban DIEZ GENERACIONES, es decir: ¡cuatrocientos años!  De las doce tribus de Israel: seis eran bastardas.

Para purificar al pueblo judío, según cuenta La Torá, Jehová Dios envió a su pueblo a Egipto, donde transcurrieron 400 años: ¡unas diez generaciones!  Transcurrido ese lapso, según cuenta La Torá, Jehová Dios envió a Moises y todos los judíos fueron rescatados, camino a la Tierra Prometida.  No conforme con aquellas DIEZ GENERACIONES, Jehová Dios – según cuenta La Torá – se aseguró de guaralear a su pueblo una generación más y los puso a caminar en círculos por el desierto durante otros 40 largos y tormentosos años.  Jehová se aseguraba así – según La Torá – de que todos y cada uno de los judíos que tomarían la Tierra Prometida, eran “sangre nueva”.  Tanto así, que ni el propio Jehová Dios – según cuenta La Torá – le permitió a Moisés acompañarlos, porque Moisés, el “Libertador”, venía contaminado.

En Venezuela, todos y cada uno de nosotros y, en especial, nuestros “libertadores”: ¡estamos contaminados!  Tendrán que pasar DIEZ GENERACIONES para liberarnos de esa carga genética que arrastramos desde los tiempos coloniales.  Alguien tiene que podar, SEVERAMENTE, a Venezuela: ¡y esperar!

Miami 2 de septiembre de 2020

Robert Alonso

@Maestro_May9r

Robert Alonso Presenta

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